Descubre los personajes que aparecen en el libro
En esta página web podrás encontrar amplia información sobre los personajes de la novela.
SALVA REINA
Salva es un animador sociocultural en paro. Una de sus pasiones es la Semana Santa y, sobre todo, salir de costalero llevando a Nuestro Padre Jesús Nazareno de Gilena. Una inscripción y su naturaleza inquieta le hacer seguir la pista de un secreto guardado durante más de cuatro siglos. Esta aventura le lleva por Gilena, Sevilla y Lorca en su afán de esclarecer eso que algunas personas importantes no quieren que vea la luz.
ALONSO CANO
(Granada, 1601-1667). Artista español polifacético, que practicó la pintura, la escultura y la arquitectura. Su padre, Miguel Cano, maestro carpintero y retablero, debió de enseñar a Alonso a dibujar con precisión y manejar los rudimentos de la arquitectura antes de que la familia efectuara su traslado definitivo de Granada a Sevilla, en 1614.
Cuando llegó a Madrid era ya un maestro reconocido y profesionalmente acreditado en el ambiente artístico de Sevilla.
Tras su regreso definitivo a Granada la relación de Cano con el cabildo fue de mal en peor, y siendo ya anciano y enfermo se vio desalojado de su taller en la torre de la catedral.
JUAN DE MESA
(Alcalá la Real, España, 1568 – Sevilla, 1649) Escultor español. Es una figura sobresaliente de la escultura en madera policromada, la técnica escultórica que alcanzó mayor desarrollo en la España de los siglos XVI-XVII.
Su obra influyó en escultores como Alonso Cano y Juan de Mesa, de quienes fue maestro, y también en los principales pintores de la escuela sevillana del siglo XVII, entre ellos Velázquez y Zurbarán. El pintor y tratadista de arte Francisco Pacheco mantuvo con él una estrecha relación y a menudo policromó sus estatuas.
Según Pacheco, Juan Martínez Montañés trabajó algún tiempo en Granada junto a Pablo de Rojas, antes de establecerse en Sevilla, donde en 1588 obtuvo el título de maestro escultor de imaginería. De su período de formación (1589-1605), influido por el dramatismo de Gregorio Hernández, sobresalen el San Cristóbal de la iglesia del Salvador en Sevilla y el San Jerónimo de las Clarisas de Llerena en Badajoz. Del siguiente período (1605-1620) cabe mencionar el ya citado Cristo de la Clemencia (sacristía de la catedral de Sevilla) y el magistral retablo mayor del monasterio de San Isidoro del Campo (Santiponce). Durante la década de 1620 trabajó junto con su discípulo Juan de Mesa.
JUAN MARTÍNEZ MONTAÑÉS
El de Juan de Mesa es un caso ejemplar de fama silenciada y personalidad artística eclipsada por la de su maestro. Durante más de dos siglos y medio no hubo una sola mención a su nombre, siendo sus obras sistemáticamente atribuidas a Juan Martínez Montañés.
No fue hasta 1882 cuando José Bermejo y Carballo lo sacó del anonimato adscribiéndole el Cristo de la Misericordia del convento de Santa Isabel. Ya en las primeras décadas del siglo XX, los documentos desempolvados en varios archivos, en especial el de Protocolos Notariales sevillano, permitieron definir su figura y comenzar a conformar su catálogo.
Nació en Córdoba, del matrimonio formado por Juan de Mesa y Catalina de Velasco, siendo bautizado en la parroquia de San Pedro el 26 de junio de 1583.
No se vuelven a tener noticias hasta su ingreso en el taller de Martínez Montañés en 1606.
En junio de 1606, Mesa entró a trabajar con Montañés en Sevilla. Tenía entonces 23 años, una edad asombrosamente tardía para iniciar una formación profesional que solía comenzar en la infancia. Esta circunstancia ha intrigado siempre a los investigadores, que han considerado difícil de admitir que Mesa llegara sin ninguna formación artística.
Se casó, el 11 de noviembre de 1613, con María de Flores.
De sus manos salieron tallas de calidad asombrosa, sobre todo la impactante serie de imágenes pasionistas que incluye once Crucificados, dos Nazarenos y un grupo de la Piedad.
Juan de Mesa falleció en Sevilla el 26 de noviembre de 1627, siendo enterrado al día siguiente en la parroquia de San Martín.
UNA OBRA DE ANTONIO DE ROSA
El Secreto del Nazareno
Los enigmas ocultos del barroco sevillano emergen en una trama que desafía el tiempo